¿Qué clase de cliente bancario eres?

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Ya hemos comentado alguna vez la importancia de conocer al detalle las características de nuestro perfil financiero. Encasillarnos a nosotros mismos, puede ayudarnos a efectuar un primer filtro de las ofertas del mercado y a encontrar el producto  que más se ajuste a lo que buscamos.  El perfil de cliente bancario, en términos generales,  ha derivado hacia un perfil más exigente y menos confiado. Pero concretar y dibujar las siluetas de los distintos tipos de clientes puede ser útil tanto para nosotros mismos como el banco.

Los bancos nos clasifican básicamente en dos grandes grupos los clientes ahorradores y los no ahorradores. Estas dos categorías responden a unos patrones comunes  que suelen optar siempre por las mismas opciones o condiciones de producto. Pero también podríamos situar un patrón intermedio que se mueve entre estos dos extremos. Son consumidores más racionales que valoran cada caso por separado y que sitúan en un lado de la balanza los beneficios que podrían obtenerse y en el otro las consecuencias y riesgo que podrían conllevar para valorar cuál es la opción de mayor peso. 

Veamos un buen ejemplo. Estas tres clases de clientes quedan patentes sobre todo a la hora de contratar un préstamo hipotecario. La gran mayoría de hipotecas dan opción a contratarlas bajo tipos de interés fijos, mixtos o variables. Y estas tres modalidades van inexcusablemente ligadas a los tres perfiles de clientes que hemos determinado.

Aunque en toda regla existen excepciones, casi por defecto, los clientes de tipo ahorrador se decantarían por tipos fijos, los clientes situados en el medio de los dos perfiles elegirían tipos mixtos y los clientes no ahorradores se inclinarían por tipos de interés variable. Se trata básicamente de una cuestión asumir riesgos. Los primeros seguramente son los más inseguros y precavidos, no se dejan llevar por impulsos y estudian a fondo todas las opciones antes de elegir. En cambio, los últimos tienen un comportamiento más agresivo o impulsivo se dejan llevar por instintos y arriesgan a la hora de contratar los productos.

Las tres formas de comportamiento dan sus frutos en situaciones y momentos distintos. Pero analicemos con más detalle la relación de los tipos con los perfiles.

Tipos fijos y clientes ahorradores: Los tipos fijos de las hipotecas ofrecen una seguridad al cliente, por norma ahorrador, que quiere saber en todo momento lo que va a pagar sin arriesgar aunque por ello acabe pagando por su préstamo un importe más elevado.

Tipos mixtos y clientes intermedios: Este perfil de cliente se balancea en el abismo entre los dos polos de esta clasificación y reacciona de forma distinta en cada situación. Objetivamente, es el que tiene más números de obtener un buen resultado ya que actúa de una forma adaptada a cada caso, midiendo el riesgo y encontrando el equilibrio entre arriesgar e ir a lo seguro.

Tipos variables y clientes no ahorradores: Los clientes no ahorradores en el momento de contratar un préstamo hipotecario, siempre se decantan por tipos de interés variables que les entran directamente por los ojos. Este tipo de clientes son carne de cañón de las ofertas en letras mayúsculas de los escaparates de los bancos. Se guían por los tipos que a primera vista parecen más rentables, aunque estén sujetos a un variable con un amplio margen de cambio.

Imagen de Photo Pin (CC)

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